Lo fácil es quitarse la ropa.
Lo difícil es quitarse la máscara.
La piel es de quien la eriza.
El alma es de quien la besa.

Y a veces toda la vida es del mismo dueño.
Aunque pasen cientos de inquilinos.
Así que si eres tan cobarde, vuelves.
Y te plantas delante de mí con mi camisa favorita.
Y lanzas el sombrero en medio del tablero.

Que empiece la partida.
Pero sin ningún billete de ida esta vez.

Y me desnudas de verdad.
De nuevo.
Después de ti.
Sin favor.
Y de viejos, nuestros tiempos.

Y te prometo que no habrá prendas perdidas.
Que si te asomas a este volcán,
no pasarás frío jamás.

(Sí, es una amenaza).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *