Querida Yo de 1995,

La que te espera. Escúchate. Aprende a quererte para saber querer.
Decide entre luchar con todas tus células o abandonar.
Aunque sea la peor elección, en ti no hay sitio para todos, solo para los mejores.
Los más valientes, los que no se rinden contigo cuando tú te das por imposible.


Hazte la tonta, hazte la loca o hazte la finesa, pero intenta no hacerte la lista.
La diferencia entre hacer ruido y decir algo productivo está a un “paso” de diferencia.
Ay… Cuánto te queda por volar.
Te vas a ir. Muy lejos. Y vas a volver sin regresar jamás.
Y qué bonito va a ser soñar en silencio, y revivir todos tus gigas de memoria cuando quieras desconectar.
Que esa mancha de café en la barbilla te mantenga siempre despierta.
Que las dioptrías dejen de subir, especialmente dentro del pecho,
que no hay mayor ciego que el no quiere observar.
Que guardes más chocolate en la mirada del que puede reconfortar un invierno bajo cero.
Que tus pestañas te dejen ver más allá de lo obvio
y te muerdas la lengua más veces de las que te harán callar.

Que defiendas tu verdad a gritos pero guardes las explicaciones.
Que aquellos que SÍ, no las necesitan, y aquellos que NO,
buscarán cualquier excusa para ignorarlas.
Pero por favor, quédate con los regalos a destiempo, por casualidad y con causalidad.
Con cada tropiezo y cada “no”.

Y quiere, joder. Ama sin válvulas.
Te juro que vamos a transformar en sueño cada peldaño.
Confía en ti, aunque digan que es un error, estúpido o insuficiente,
porque no necesitas una razón lógica, sino un motivo visceral.

Cree en el karma.
Y deja que te rompan el corazón en millones de pedazos.
Cuantas veces quieran.
Para entonces ya habrás reunido la paciencia suficiente de pegarlos y darle una forma más tuya.

Y ni se te ocurra guardar rencor a los que te trataron como si te odiaran.
Quiérelos desde lejos, te sobra todo ese amor y más.
Carga todo lo que puedas la mochila, que ya me deshago yo de lo que es demasiado,
lo que ahora no y lo que ya no más.

Solo trae ese moñete y esos ojos sonrientes.
¿Qué si todo esto valdrá la pena?
Todavía estoy averiguándolo, pero te prometo que valdrá la alegría.

Te quiero. Y cada día mejor.

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