Los periodistas estamos hechos de otra pasta. De la de échame lo que quieras, que puedo con todo. Nos va la adrenalina, las prisas, la presión, los nervios, el silencio, las palabras justas, la expectación, la cuenta atrás. Somos los que no callamos ni debajo del agua, los que copiábamos 100 veces ‘no hablaré más en clase’ en primaria y los que hemos copiado más Power Points que historia ha pasado en el mundo.

Somos los pisoteados, los mal pagados, los ven gratis a echar tu resto, los ya te llamaremos, los no vais a llegar a ningún sitio. Todavía recuerdo esa primera clase de universidad en la que un profesor nos dijo que no sabía que hacíamos ahí si íbamos a terminar siendo carne de cañón de Caprabo. Hoy Caprabo ya no existe, pero el Periodismo ha explotado en mil formas distintas. Y todos llegamos hasta el último día sin acobardarnos por el futuro negro ni por intimidaciones baratas.

Puede que ahora no estemos delante ni detrás de una cámara, puede que estemos tecleando de todo menos reportajes, puede que hayamos dejado de lado las noticias para cobrar un salario más digno. Y nos joda. Y nos repatee. Y rabiemos. Pero lo que no vamos a perder nunca es la vocación, el mono del saber, el chute de emoción cuando algo nuevo pasa, la antena puesta en todos lados a todas horas, la información en vena, leer, escribir, observar, hablar.

Dijeron dos señores sabios que un periodista debe ser ante todo buena persona, que los cínicos no valen para este oficio, y que este es el mejor trabajo del mundo. Los que hemos probado las mieles de esta profesión damos fe de ello, nos dejamos atrapar por ese aura de empatía y verdad. Lástima que unos cuantos decidan hacer de una vocación una explotación descarada.

Somos el cuarto poder. Llegaremos a ser el primero cuando cambiemos hablar por hacernos oír. Hay días en los que me da asco leer la prensa. Hay días en los que pagaría por hacer lo que me gusta. Hay días que siento que he renunciado a mis sueños. Y hay días que lucho por mantenerlos en pie siguiendo mis principios. Aun así y con todo: orgullosa de pensar que si volviera a nacer, volvería a elegirlo.

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