España cañí: país de pandereta. Otra vez y para variar. Qué impotencia ser hoy valenciana, española y europea. Los españoles no castigamos corrupción, mentiras, sobres en B, monarquías y abrazos al rico. Estoy rabiosa y dolida, aunque no sorprendida. Me jode que muchos voten sin reflexionar, sin conciencia, sin memoria y sin pensar en las consecuencias.

El voto del #26J no ha sido distinto del voto británico para el Brexit: arreu. Odio ver cómo los países cumplen sus peores tópicos. Odio tanto el estereotipo de latinos fiesteros e incultos como adoro ese espíritu de buena vibra cargado de inocencia que nos caracteriza. Odio que mañana se os olvide la que habéis liado hoy en las urnas con unas cañas y un partido de fútbol cara a la caja tonta.

En la ignorancia se vive más feliz, pero prefiero vivir preocupada de más, intentando cambiar lo que no me gusta e intentar rebatir conciencias. No quiero irme. No quiero tener que ver desde lejos cómo cuatro ineptos despoblan y saquean a un país tan rico. Pero no quiero ver cómo pierdo derechos uno a uno. Cada vez hay más cerebros en fuga que no miran atrás, o que vuelven para ser infelices. No sé cuál es la solución, pero quiero tener hijos, y sobre todo hijas, y no quiero que vivan muchas de las injusticias que yo tengo que aguantar.

Quiero ser libre como ciudadana, como trabajadora y sobre todo como mujer. Quiero decidir sobre mi cuerpo, caminar segura por la calle, dejar de sufrir abusos físicos, infantilización, menosprecio, insultos, juicios sobre mi aspecto, especulaciones sobre mi puesto laboral o mi estado mental por reclamar quién quiero ser y cómo quiero vivir. Quiero abolir la prostitución y el patriarcado por mínimo que sea y lo imponga quien lo imponga: padres, parejas, amigos o compañeros.

Quiero recibir refugiados, quiero dejar de financiar guerras, quiero enseñar al Tercer Mundo a ser parte del Primero por sí mismo, porque estoy segura de que son más ricos que nosotros. Quiero conservar el Ártico y calmar al Trópico al caminar por calles limpias de suciedad e injusticia. Hay que leer, hay que informarse y viajar, hay que romper fronteras y no crear nuevas.

Adoro España y amo Valencia. Lo tenemos todo para ser un país diez: comida, clima, paisajes, economía, infraestructuras, riqueza cultural y material. Qué lastima que unos pocos se carguen todo eso con nuestro consentimiento. Los millennials no confiamos en la clase política, personalmente me da igual de qué color sea el panfleto que se reparte y se repite sin cesar durante los días de campaña. No me creo nada. Pero los mayores hacen muy poco por devolvernos el espíritu de rebeldía. Necesitamos arreglar lo que otra generación rompió y si seguimos sentando los mismos culos en las mismas sillas, jamás vamos a poder.

Aunque, sinceramente, comienzo a pensar que la clase política no es más que un reflejo de la clase social española. Comienzo a creer que cualquiera que estuviese sentado en un escaño haría lo mismo que hacen lo que están ahora. Y eso me aterra. Me da miedo vivir en una sociedad tan egoísta y podrida.

Me duele en el alma vivir en la época en la que si algo no funciona, se tira, no se arregla. Me duele que no se arriesgue. Espero morirme siendo una inconformista y echándole cojones. Aquí o allá, donde me dejéis.

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